miércoles, 14 de febrero de 2018

Maravillas Lamberto, la niña violada y asesinada por falangistas, jamás será olvidada en Iruña



Con apenas 14 años, la menor fue secuestrada junto a su padre y fusilada. Antes de morir fue violada delante de su progenitor. Los verdugos, conocidos e identificados por los lugareños, nunca pagaron por sus crímenes.


Las bestias no tenían alma ni corazón. Mucho menos piedad. Sólo les movía el placer de humillar y matar, independientemente de la edad o situación de la víctima. Nada, absolutamente nada, parecía detenerles. Maravillas Lamberto lo experimentó en carne propia. Nunca mejor dicho. Nunca tan terriblemente dicho. Tenía 14 años. Y ellos, los hombres-bestias con bandera franquista, la violaron repetidamente delante de su padre. Cuando se cansaron, o parecían cansarse, la sometieron por última vez. Y entonces sí, también con su progenitor de testigo, la fusilaron. Para ella ni siquiera hubo una cuneta: según distintos relatos, sus restos fueron arrojados a los perros.
“La noche los vio entrar / eran hombres sin luz / venían a todo gritar / eran la muerte azul”, dicen las primeras estrofas de “Maravillas”, escrita y cantada por el músico navarro Fermín Valencia. Este frío sábado de febrero, la canción-himno recorrió el aire gélido de Lezkairu, uno de los barrios más nuevos de Pamplona. La emoción también estaba en el aire, donde se mezclaba con la rabia y el dolor: desde esta mañana, la plaza de esta zona de la capital navarra lleva el nombre de Maravillas Lamberto. El acto, tan emotivo como simbólico, fue impulsado por el ayuntamiento del cambio que lidera Joseba Asiron (EH Bildu).
Maravillas Lamberto, la niña violada y asesinada por falangistas, jamás será olvidada en Pamplona.
En una Navarra que suma 3.500 víctimas del franquismo, el nombre de esta niña resume los sufrimientos de cada una de ellas. “Es un símbolo de la fuerte represión que hubo en este territorio”, comenta a Público el presidente de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (AFFNA-36), Jokin de Carlos Mina, también presente en el acto. Junto a él estaba Josefina Lamberto, la única hermana de Maravillas que aún vive y que entonces, cuando la muerte llegó a su casa, tenía siete años. Es, por tanto, el último relato viviente del horror vivido aquel 15 de agosto de 1936 en Larraga, el municipio situado a unos 40 kilómetros de Pamplona donde vivía junto a su familia.
Era de noche. De repente, sonó la puerta. El mensaje era claro: o la abrían, o la tiraban. Así lo advirtieron los dos guardias civiles del puesto de Artajona que se presentaron en el hogar de la familia Lamberto. “Hicieron levantar a mi padre, que estaba en la cama. Mi hermana Maravillas, que sabía lo que estaba pasando esos días en el pueblo, les preguntó qué le iban a hacer”, recuerda Josefina.
Los temores ya rondaban desde hacía varios días. Vicente Lamberto, marido de Paulina Yoldi y padre de Maravillas, Josefina y Pilar (ya fallecida), era un humilde campesino afiliado a UGT. Con eso era suficiente para que los falangistas del pueblo lo pusieran en la diana. Primero amenazaron con expulsarle de Larraga. Luego optaron por ir a buscarle a casa, despertarle a punta de metralleta y llevárselo para siempre. Maravillas pidió ir con él. Los captores, que sabían cómo transcurrirían las horas posteriores, cogieron a la niña y la subieron al camión. En este secuestro participaron, además de los dos agentes de la Benemérita, el falangista Julio Redín Sanz y otro hombre que fue identificado como “el hijo del churrero de Larraga”.
Homenaje a Maravillas Lamberto. DANILO ALBIN
El relato más terrible de la represión franquista en Navarra se completa con una serie de hechos difíciles de describir con palabras. Vicente fue encerrado en el calabozo del ayuntamiento, y Maravillas fue subida a la Secretaría. Allí comenzaron las violaciones. “En el pueblo cuentan que se oían sus gritos”, dice el presidente de AFFNA-36. El calvario duró, como mínimo, lo que dura una noche de verano. “A la mañana siguiente –apunta Josefina-, los vecinos vieron salir a mi hermana con la ropa destrozada”.
Maravillas y su padre fueron llevados hasta el término municipal de Ibiricu, situado a unos 40 kilómetros de Larraga. Según reconstruye el historiador Iñaki Egaña en el libro “Los crímenes de Franco en Euskal Herria. 1936-1940” (Editorial Txalaparta), el vehículo se detuvo a la altura del kilómetro 12 de la carretera de Estella a Etxarri Aranaz. “La volvieron a violar delante de su padre y luego los mataron a ambos”, añadió De Carlos Mina a Público.
En ese contexto, Egaña incluye en su obra el testimonio de un vecino de la zona que fue recogido en su momento por el historiador navarro José María Jimeno Jurío. “Tardaron en descubrir el cadáver de Maravillas una semana. Lo descubrieron por el olor. Era verano, tiempo de mucho calor, y se descompuso. Además, los perros le habían comido los gordos de las piernas. Porque estaba desnuda del todo. Desnuda del todo. Eso ya nos acordamos bien. Hubo que matar a los perros por eso. Tratamos de cogerla para llevarla a enterrar a esa huerta nuestra, pero no se podía. Estaba destrozada por los perros y los gusanos. Así que bajaron al pueblo, trajeron de la trilladora de Ibiricu gasolina y la quemaron. No quedó nada de ella. Hasta el pueblo bajó el olor de carne quemada”, describió el lugareño.

“Un ejemplo”

Siguiendo la tónica habitual, los autores de este crimen disfrutaron la absoluta impunidad. De nada sirvió que en Larraga todos conocieran sus nombres. En cualquier caso, Josefina se niega a bajar los brazos. No lo hizo cuando era una niña y vio cómo se llevaban a su hermana y a su padre. Tampoco cuando los franquistas, para aumentar el dolor y el daño, les robaron la tierra que trabajaban. Su madre incluso acabó en la cárcel. Tras ser puesta en libertad, se marchó a vivir con sus dos hijas a Pamplona, la ciudad que hoy, por fin, dedica una plaza a Maravillas.
“Su historia es un ejemplo de hasta dónde puede llegar el nivel de brutalidad de un ser humano”
“La muerte no fue capaz de sepultar tu mañana / ni podrá pintar de olvido la acuarela de tu alma”, continúa la canción de Fermín Valencia que este sábado volvió a conmover a los presentes en la plaza de Lezkairu. “Desde el ayuntamiento hemos hecho distintas cosas en torno a la memoria, pero posiblemente este acto sea, a nivel emocional, el más sentido”, confesaba a este periódico el concejal de EH Bildu y tercer teniente de alcalde Joxe Abaurrea, una de las personas que se involucró para conseguir que la plaza de este barrio lleve el nombre de Maravillas. “Su historia es un ejemplo de hasta dónde puede llegar el nivel de brutalidad de un ser humano –subrayó el responsable municipal-. Del mismo modo, también nos muestra hasta dónde fue capaz de llegar el régimen fascista”.

Esperando justicia

La historia no termina ahí. Josefina, que acabó haciéndose monja y fue una de las fundadoras de la asociación AFFNA-36, consiguió llevar los asesinatos de su hermana y su padre hasta un juzgado de Buenos Aires: desde hace cuatro años, el caso de la familia Lamberto forma parte de la querella contra los crímenes del franquismo presentada en Argentina. Las esperanzas, en cualquier caso, siguen siendo pocas. “Sabemos quiénes siguen mandando en este país, y también sabemos que nunca va a haber justicia para los nuestros”, afirma el presidente del colectivo memorialista. 82 años después, la sombra de la impunidad sigue cubriendo el cielo de Navarra.

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